Librería Proleg, Barcelona

Septiembre 30, 2006 on 4:25 am | In General | 2 Comments

El libro ya se puede encontrar aquí:

Proleg. Llibreria de les Dones
Carrer Dagueria 13 (metro Jaume I)
08002 Barcelona
Tel i fax 93 319 24 25
correu-e: llibreriaproleg@llibreriaproleg.com
www.llibreriaproleg.com

La verdad es que aunque hacía tiempo que sabía de la existencia de esta librería, nunca había entrado, porque tengo mis más y mis menos con el concepto “de mujeres”. El otro día pasaba por casualidad por allí, tenía tiempo y me animé a echar un vistazo. Tenían un montón de cosas interesantes y diversas, ediciones muy cuidadas de ciertos libros y una sección de poesía muy completa. También me gustó la sección de infantil, donde se podían encontrar cuentos distintos y muy bonitos que van en la línea de una educación no sexista. En fin, que merece la pena que si pasáis por allí la visitéis.

Librería Pasajes, Madrid

Septiembre 5, 2006 on 8:43 pm | In General | 5 Comments

Ya tenemos un nuevo punto de distribución del libro. Se trata de la librería Pasajes en Madrid. Está justo enfrente (sólo hay que cruzar un semáforo) de una de las salidas de metro de Alonso Martínez. La dirección es calle Génova 4.

A esta librería le tengo especial cariño, porque fue la primera que se comprometió con la distribución de Iguazú (mi revista y primer hijo, como quien dice).

Además, Ernesto Sabato la cita en su España en los diarios de mi vejez (un libro que tiene mucho de blog). Os pongo aquí la cita completa, de regalo:

Esta mañana fuimos a la librería Pasajes, en la calle Génova, a pocos metros de la plaza Alonso Martínez, un barrio que yo solía recorrer hace años cuando caminaba incansablemente por los lugares que me atraían, o que me rechazaban. (…)

La disposición de los libros, la calidad de los títulos y de las ediciones, demuestra profundo amor por la literatura y así lo siente quien entre por primera vez a esta pequeña y cálida librería. (…)

Cada vez son menos quienes se arriesgan por la verdadera literatura, por eso me gusta tanto encontrarme con los Sierra; en ellos me conmueve el esfuerzo que hacen por sostener un espacio en la literatura y en el pensamiento. Tengo un reconocimiento real por esas pequeñas editoriales, y una verdadera nostalgia por las modestas librerías que eran atendidas por hombres enamorados de su oficio, y que en otro tiempo supe frecuentar en mis años de lector ansioso.

Sí, siento nostalgia cuando me recuerdo hurgando aquellos viejos estantes como quien busca un exótico tesoro. Aquella necesidad, casi física, por acariciar los lomos de los libros, por oler sus páginas impresas; como si en ese acto estuviese implícito un primer acercamiento, un olfato, como aquel con que los hombres de campo valuaban sus caballos. Y luego, la urgencia por hallarnos a solas con el libro, en silencio frente a la página, inermes ante una obra que podía modificar sustancialmente el curso de nuestra vida. Todo aquello formaba parte de un rito que se ha vuelto inusual en nuestro tiempo.

Una gran obra nace de una soledad desgarradora, y lo que pide es ser recibida por una soledad semejante que la acoja. Responsables de este embrutecimiento son el vértigo en que vivimos, que nos ha embotado la sensibilidad, y una filosofía general de la existencia que ha reducido al libro, y a todo lo existente, a la categoría de mercancía.

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